En busca de la píldora anticonceptiva masculina

En busca de la píldora anticonceptiva masculina

El desarrollo de contraceptivos ha estado encaminado desde hace años a la mujer. La dificultad de aplicar los mismos métodos a los hombres y la falta de concienciación al respecto han sido obstáculos para lograr anticonceptivos masculinos, no obstante, las cosas están empezando a cambiar.

Alejandra Rodríguez ( EL MUNDO) 20 de Junio de 1999

Desde que en los años 60 se introdujo la píldora anticonceptiva para las mujeres, ya conocida como la Píldora sin más apelativos, no se han producido avances demasiado espectaculares en lo referente a la contracepción masculina.

Actualmente, las féminas disponen de un auténtico arsenal para evitar quedar embarazadas (la mencionada píldora, el diafragma, el dispositivo intrauterino, el preservativo femenino, parches e inyecciones de hormonas...), pero los varones siguen estando en desventaja a la hora de poder elegir un método anticonceptivo reversible, seguro y eficaz. De hecho, tan sólo pueden usar preservativos si no quieren afectar su fertilidad de forma permanente o la vasectomía si lo que han decidido es no volver a tener más hijos.

Muchos no le han dado demasiada importancia al hecho de que el varón disponga de pocos métodos anticonceptivos. Incluso muchas mujeres afirman que no confían en que el hombre sea capaz de comprometerse a tomar medidas que eviten embarazos no deseados. Sin embargo, los cambios que se han ido produciendo en los planos sociales y sexuales de hombres y mujeres han desembocado en una toma de conciencia al respecto e, incluso, en una mayor demanda de contraceptivos para ellos.

Aunque han tenido menor repercusión, durante más de 25 años se han realizado investigaciones para conseguir métodos anticonceptivos para los hombres similares a la píldora femenina. El reto es complicado. Según los expertos, un método anticonceptivo ideal debe ser poco invasivo, barato, efectivo, sin efectos secundarios, de administración sencilla y reversible rápidamente.

Sin embargo, muy pocos de los que están disponibles hoy en día (tanto para hombres como para mujeres) cumplen todos estos requisitos. En cualquier caso, las investigaciones para lograr anticonceptivos masculinos se han encaminado en varias direcciones con el objetivo final de lograr La Píldora del varón.

HORMONAS.

El hallazgo más significativo que se ha producido en los últimos años en este campo es el de la supresión hormonal. Es decir, manipular determinadas hormonas encargadas de la producción de esperma para que dejen de generarlo y el hombre sea infértil durante un periodo de tiempo más o menos largo.

-Progestina y andrógenos. Varios estudios han demostrado que inyecciones intramusculares de andrógenos (testosterona u otras hormonas masculinas) y progestina logran reducir la producción espermática (espermatogénesis).

Al inocular andrógenos en el torrente sanguíneo, desciende la secreción de GnRH, (hormona liberadora de gonadotropina), lo que a su vez provoca un descenso en los niveles de otras dos hormonas: la foliculoestimulante y la luteinizante (lutropina). El resultado es la reducción drástica de la producción de esperma.

El problema es que el exceso de andrógenos tiene efectos adversos nada despreciables, como la aparición de acné, irritabilidad y la reducción de los niveles de HDL (el colesterol bueno). Para evitarlos, la inyección de andrógenos debe complementarse con la inoculación periódica de dosis de progestina.

Un ensayo elaborado en Indonesia reveló que la combinación de andrógenos y de Depo-Provera (una fórmula inyectable de la progesterona utilizada en la contracepción femenina) lograba reducir del todo la espermatogénesis (el número de espermatozoides bajó hasta cero) y que no se produjeran efectos secundarios relevantes.

El principal obstáculo para la comercialización de este método (que algunos investigadores preven para el año 2010) es que las inyecciones deben administrarse cada 15 días, lo que obstaculiza la fidelidad al tratamiento y a su fiabilidad. Por este motivo, actualmente se están ensayando fórmulas de efecto prolongado con menos inoculaciones.

-Andrógenos y estrógenos. Se trata de una estrategia similar a la anterior, pero en este caso la inyección combina andrógenos con estrógenos o antiandrógenos. El objetivo que se consigue también es el mismo. Es decir, lograr que el hombre deje de producir espermatozoides.

Una investigación elaborada en el Royal Prince Alfred Hospital, en Australia, demostró que la combinación de pequeñas dosis de estradiol (el estrógeno natural más potente de los mamíferos), junto con inyecciones de progesterona, lograba la azoospermia (que no hubiera espermatozoides en el semen). Actualmente, las investigaciones continúan para perfeccionar este método.

-Análogos de la GnRH. Los antagonistas de la GnRH (la hormona liberadora de gonadotropina), que inhiben la hormona foliculoestimulante y la hormona luteinizante (lutropina), pueden servir para diseñar contraceptivos masculinos.

El problema es que para inhibir la producción de GnRH son necesarias inyecciones diarias de péptidos sintéticos muy caros. Por otra parte, la reducción de GnRH puede hacer descender también los niveles de testosterona (lo que, a la larga, merma la masa muscular, el vello facial, la libido y otras características sexuales del varón).

Todos estos métodos han resultado ser efectivos en los ensayos, pero aún presentan muchos inconvenientes para que estén disponibles en un plazo breve. Uno de ellos es que la azoospermia tarda en producirse entre tres y cuatro meses (la píldora femenina protege del embarazo desde el primer día) y la aplicación periódica de inyecciones no es demasiado cómoda.

La principal ventaja con la que cuentan es que son reversibles fácilmente. Basta con interrumpir las inyecciones para que los testículos comiencen de nuevo a producir espermatozoides.

En cualquier caso, todos estos métodos aún están en fases de ensayo. Los especialistas calculan que quizá dentro de 20 años, los hombres puedan disponer de anticonceptivos hormonales tan eficaces como la píldora femenina, de efecto prolongado, y que logren bloquear la espermatogénesis sin provocar efectos secundarios.

-Otras direcciones. Ya están en marcha varios ensayos encaminados a impedir la maduración de los espermatozoides en el epidídimo (especie de tubo enroscado que sirve de incubadora y almacén de los espermatozoides hasta que salen al exterior). Otros investigadores pretenden conseguir la contracepción alterando el proceso de fusión entre el espermatozoide y el óvulo femenino.

Sin embargo estos nuevos intentos cuentan con dos obstáculos desde el principio: por un lado, para conseguir sus objetivos deben bloquear la producción de testosterona (lo que repercute en la pérdida de algunas características propias del sexo masculino) y, por otro, que la reducción de esta hormona masculina durante periodos demasiado prolongados puede crear problemas a la hora de restaurar la fertilidad.

-Células madre. El precursor celular del espermatozoide, llamado espermatogonio, se ha convertido en el protagonista de una novedosa línea de investigación de la anticoncepción masculina. Cuando las stem cells (células pluripotenciales indiferenciadas) comienzan a dividirse, algunas de ellas dan lugar al espermatogonio, que luego se convertirá en espermatozoide. El espermatogonio se desplaza al centro de los túbulos seminíferos, donde las proteínas que segregan las células de Sertoli contribuyen a la maduración del esperma. Una vez que estas células llegan al epidídimo (el largo conducto que une los testículos y los vasos deferentes) terminan su maduración. Los espermatozoides permanecen allí hasta que son expulsados del cuerpo en la eyaculación.

Un medicamento que pueda interferir en cualquiera de las fases de formación y maduración del espermatozoide podría influir en la fertilidad masculina. Asimismo, algún método que pudiera evitar que las stem cells se diferenciaran y dieran lugar a los espermatozoides podría servir como contraceptivo.

Otras investigaciones sugieren que alterar la maduración espermática en el epidídimo serviría para que el hombre eyaculase espermatozoides incapaces de fertilizar el óvulo de la mujer. Sin embargo, los científicos temen que este método llegue a provocar esterilidad permanente.

CALCIOBLOQUEANTES.

Algunos investigadores están evaluando las propiedades inhibidoras de la fertilidad de numerosos fármacos que se usan para tratar la hipertensión. Han comprobado que la nifepidina (un calciobloqueante y vasodilatador coronario) evita la adhesión de un receptor celular en la membrana plasmática que recubre la cabeza del espermatozoide cuando éste se encuentra en el epidídimo. Este receptor es esencial para la fusión entre las células masculina y femenina.

El descubrimiento se hizo casualmente cuando un equipo de investigadores, del Hospital Universitario North Shore de Nueva York (EEUU), observaron que los espermatozoides de varones tratados con nifepidina no podían fecundar los óvulos de sus compañeras y que sí podían cuando se interrumpía el tratamiento.

Al parecer, este fármaco impide la liberación de enzimas de la cabeza del espermatozoide necesarias para fertilizar el óvulo. Se están realizando investigaciones para averiguar si medicamentos similares a la nifedipina podrían afectar a la fertilidad masculina, y si podrían desarrollarse técnicas de contracepción basadas en este hallazgo que incidieran sólo en la función espermática sin bajar la presión sanguínea o a la frecuencia cardiaca (los efectos de los calciobloqueantes).

LA PILDORA.

Es el objetivo que persiguen casi todas las investigaciones en este campo. Es decir, conseguir un método anticonceptivo fiable desde el primer momento, reversible de forma sencilla, que use dosis pequeñas, de administración fácil y cómoda y que provoque efectos secundarios leves. El principal fabricante de píldoras contraceptivas femeninas, el laboratorio Organon, ya ha realizado prometedoras investigaciones y confía en poder comercializar su píldora masculina en unos siete años. El año pasado saltaron a los medios de comunicación los resultados de varias investigaciones con una píldora masculina elaborada con testosterona y progestina.

La pastilla incide en la testosterona y en la progesterona, interrumpiendo la espermatogénesis. Según ensayos elaborados por el laboratorio en Seattle, Washington (EEUU) y Manchester (Reino Unido), el tratamiento tuvo una eficacia del 95% en la reducción de la producción de espermatozoides.

La ventajas: es de administración oral, es reversible (una vez que el hombre deja de tomarla vuelve a ser fértil en pocas semanas) y no produce los efectos secundarios como acné, cambios en la voz o alteraciones del estado de ánimo observados con otros tratamientos.

Los inconvenientes: reduce el nivel de testosterona, lo que obliga a equilibrarla con inyecciones semanales de esta hormona. Según un trabajo elaborado en Edimburgo (Reino Unido), la inyección es el mayor obstáculo que refirieron los participantes para adoptar el tratamiento. Por ello, ya se está trabajando para conseguir una píldora igualmente eficaz, pero que no necesite el complemento periódico de la inyección de testosterona.

Los métodos actuales

Dado que los varones no podrán disponer de nuevos métodos anticonceptivos hasta dentro de diez años como mínimo, deberán seguir optando por los pocos recursos actuales. Si se busca un método anticonceptivo reversible, debe elegir el preservativo.

Esta sigue siendo la elección de millones de hombres en todo el mundo. Es muy efectivo (en torno al 95%, si se usa correctamente) y cada vez más sofisticado. Actualmente no tienen por qué ser de látex (aunque son los más seguros) y ya se fabrican de poliuretano, lo que permite hacerlos más finos. El problema es la interrupción del juego sexual que se produce a veces durante su colocación, que debe hacerse con el pene erecto.

Un método más drástico pero enormemente efectivo es el de la vasectomía. Esta técnica es cada vez más segura y menos invasiva. Se trata de cortar y ligar los vasos deferentes (los conductos por los que pasan los espermatozoides) a través de dos pequeñas incisiones laterales (o una sola central) en el escroto. La intervención dura 15 minutos, no requiere ingreso hospitalario y se hace con anestesia local. Existe una modalidad de vasectomía que ni siquiera necesita el bisturí. En lugar de las incisiones se realiza una pequeña punción para acceder a los vasos deferentes. El resultado es el mismo, aunque el procedimiento es aún menos invasivo.

A pesar de lo que muchos siguen creyendo, esta intervención no afecta ni a la libido ni a la capacidad de erección para mantener relaciones sexuales, ya que no se alteran los niveles hormonales ni se incide en los centros cerebrales encargados de regular las funciones sexuales. El único efecto es que el varón ya no puede engendrar hijos.

Después de una vasectomía, el hombre continúa eyaculando cuando tiene relaciones sexuales. La única diferencia es que su semen no contiene espermatozoides (hay que tener en cuenta que este fluido es una mezcla de secreciones de los testículos, la próstata, las vesículas seminales y las glándulas bulbouretrales). Aún así, el hombre no es totalmente infértil hasta que ha eyaculado unas 20 veces después de la intervención. Los espermatozoides que no salen al exterior mueren al llegar al corte del vaso deferente y el cuerpo los reabsorbe.

Algunos estudios habían sugerido la relación entre la vasectomía y el cáncer de próstata y reacciones adversas del sistema inmune por la reabsorción del esperma. Sin embargo, ensayos prolongados han negado que tal relación existiera.

Actualmente, la vasectomía puede ser reversible mediante microcirugía. No obstante, los especialistas aconsejan seguir pensando en ella como método definitivo y suelen realizarla tan sólo cuando la pareja ha decidido no tener más hijos. El motivo es que el proceso de reversión, llamado vasovasostomía, es muy complicado, mucho más caro y no siempre se alcanzan resultados óptimos. Volver a unir los extremos de los vasos deferentes requiere intervenciones de hasta cuatro horas y anestesia general.

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